martes, 10 de noviembre de 2015

EL ABORTO UN PROBLEMA ÉTICO



 
Aborto es una palabra de origen latino (ab-orior) que significa fallar en el intento, en el origen, y también morir, extinguirse, etc. Así, por ejemplo, abortar un crimen significa cortar o interrumpir el flujo de acontecimientos que darían lugar a la ejecución de un crimen. Este significado se ha ido restringiendo, poco a poco, hasta hacer referencia, sobre todo, a la interrupción del desarrollo de un embrión o feto, interrupción que impide que éste llegue a ser aquello a lo que está destinado: un ser vivo independiente, biológicamente hablando, del cuerpo materno, límite que se suele considerar dado en el nacimiento. Se sobreentiende, en tal caso, que el aborto no es simplemente una interrupción del embarazo, provocando un adelanto del parto (parto prematuro), sino una interrupción que provoca la muerte del producto de la concepción. Aunque existen diferentes tipos de aborto  el aborto voluntario (ya sea directo o indirecto) y el involuntario (bien por motivos naturales, o bien causado por accidente humano), (Eugenésico, terapéutico, espontáneo, etc.), desde el punto de vista de la responsabilidad ética (y moral), cabe hablar tan sólo de un tipo de aborto: el aborto voluntario (ya sea directo o indirecto).

Si sobre el problema legal o moral del aborto se está hablando, es claro que me refiero, de primera intención, al aborto provocado voluntariamente.

El controversial tema del aborto hoy en día ha dejado de ser una norma. El aborto no es algo que se haya comenzado a realizar en nuestros días, aunque sí ha incrementado con el tiempo y las legalizaciones alrededor del mundo. Esta práctica remonta hasta la Antigüedad y hoy en día. Existen muchos métodos abortivos que varían según la semana de gestación. Sin embargo todos conllevan al mismo fin: provocar la muerte de un no nacido. Un método no es necesariamente mejor que otro, puede ser simplemente menos riesgoso para la mujer. Sin embargo, el problema del aborto está inmerso en una gran controversia ideológica y religiosa que se basa en reconocimientos y valores no aplicables a la realidad social que viven las mujeres de hoy en día. Así pues, los principios éticos, morales, filosóficos y religiosos sirven para reflexionar y evaluar estos valores, adaptándolos al contexto actual, a la vez que sirven al legislador como una guía de acción ante problemas morales.


Mi opinión es que esa vida incipiente merece el mismo respeto que cualquier otra vida humana, y que la ignorancia que puede existir sobre el status real de ese producto de la concepción no justifica, por sí mismo, el aborto, sino todo lo contrario (en caso de ignorancia, lo propio es no actuar). El único caso que justificaría poner en peligro esa nueva vida sería aquel en el que existe una seria indicación terapéutica, donde está en peligro la vida de otro ser: la de la madre. Cualquier otro motivo lo considero insuficiente, como el económico, social, etc., primero por no ser adecuada la intención al mal que se podría estar realizando y, en segundo lugar, porque no se puede considerar estos motivos una razón terapéutica (no hay que olvidar que, salvo en casos de fuerza, el embarazo es consecuencia prevista, deseada o no, de un acto realizado libremente). (Cárdenas Marly).

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